Ángela Muro | autoeditados

Bio y Discografía

En este último trabajo (“Paraíso terrenal”) se muestra como una mujer prodigiosa, hija de la experiencia musical y heredera de una sensibilidad que la hace única. A pesar de la apariencia sentimental de sus textos, la música se convierte en la materialización aérea de ideas, la busca de la libertad dentro de unos límites exactos. A todo ello cabe añadir una voz que entiende perfectamente el clímax, un porte de elegancia envidiable, la dosis justa de arrogancia y un conocimiento de lo que deben ser los contenidos, el ambiente sonoro, el equilibrio instrumental, la producción, en definitiva. Arreglos imaginativos que siempre suenan diferentes y un eco que lo tiñe todo de personalidad hacen que escuchar una interpretación de Ángela Muro equivalga a viajar a Latinoamérica, al blues o a cierta jondura andaluza.

No hay melodía, letra o ánimo de una canción que se resistan a la consistencia de su carácter, que convierte todas las piezas musicales en una aventura, con variaciones significativas que las distinguen.

La industria necesita etiquetas, como las grandes superficies: música fusión, música infusión, música confusión. El buen oyente no las necesita. Lo aseguraba Igor Stravinsky: “Sólo hay dos categorías, mala y buena”. Este disco que ha compuesto Ángela Muro es el mejor trabajo que se podía escuchar de ella. No ha escrito “la Verdad”, porque “la Verdad” es mentira (sólo un concepto teológico, como los ovnis o los reality show); no ha sido objetiva (nadie que ama lo es). Ha sido honrada, y eso, querida amiga, es buena literatura y mejor música.

Paco Espínola.